Si la pregunta es cuál de los dos indicadores ofrece una visión más aproximada del coste de una hipoteca, la respuesta general es la TAE. Mientras que el TIN se limita esencialmente al tipo de interés nominal aplicado al préstamo, la TAE incorpora una perspectiva más amplia y permite valorar otros componentes económicos de la operación.
Sin embargo, afirmar que la TAE representa por sí sola el coste real y definitivo de una hipoteca sería una simplificación. Para realizar un análisis financiero riguroso es necesario estudiar el conjunto de la operación: capital solicitado, plazo, sistema de amortización, TIN, TAE, comisiones, productos vinculados, gastos asumidos por cada parte y condiciones aplicables durante toda la vida del préstamo.
La TAE resulta especialmente útil para comparar ofertas, pero la comparación debe hacerse entre operaciones equivalentes. Una hipoteca fija, una variable y una mixta presentan perfiles de riesgo y de evolución del coste diferentes. Del mismo modo, dos préstamos con la misma TAE pueden ofrecer una estructura financiera distinta si uno tiene un plazo mucho más largo o si existen diferencias sustanciales en las condiciones de revisión del tipo.
Por tanto, el criterio más prudente consiste en utilizar el TIN para comprender el precio nominal del préstamo y la TAE para aproximarse a su coste efectivo y comparar alternativas. Ninguno de los dos indicadores debería analizarse de forma aislada.